Cómo las abejas moldean nuestro mundo: entender su importancia para la humanidad

En un huerto de manzanos, una sola colonia de abejas puede hacer que el rendimiento de una parcela entera cambie. Sin el paso repetido de las recolectoras sobre las flores, los frutos se deforman, permanecen pequeños o no se forman en absoluto. La importancia de las abejas para la humanidad comienza ahí, en este trabajo discreto de polinización que condiciona una parte masiva de nuestra alimentación diaria.

Polinización de cultivos: lo que las abejas hacen concretamente en un campo

Cuando una abeja visita una flor de calabacín o de colza, transfiere granos de polen entre los órganos masculinos y femeninos de la planta. Este gesto, repetido miles de veces al día y por colonia, permite la fecundación y, por lo tanto, la formación del fruto o de la semilla.

Según la FAO, un tercio de la producción alimentaria mundial depende de las abejas y de otros polinizadores. Casi tres cuartas partes de las plantas que producen la mayoría de nuestra comida necesitan esta ayuda externa para reproducirse correctamente.

Se habla a menudo de las abejas domésticas (Apis mellifera), pero existen alrededor de 20,000 especies de abejas en el mundo, de las cuales cerca de 2,000 están en Europa. Las abejas salvajes, a menudo solitarias, también participan en la polinización, a veces en cultivos o flores que la abeja doméstica visita poco.

Esta complementariedad entre especies es lo que hace que todo el sistema sea eficaz. Iniciativas promovidas por los Hombres y las Abejas contribuyen a sensibilizar al público sobre esta diversidad que a menudo se reduce a la única abeja melífera.

Apicultor en traje de protección levantando un marco de colmena de madera cubierto de miel en un entorno rural florecido

Colmenas urbanas y abejas salvajes: cuando la buena intención crea presión

Instalar colmenas en la ciudad se ha convertido en un gesto percibido como ecológico. Se ven en los techos de empresas, ayuntamientos, escuelas. La intención es loable, pero los retornos del terreno muestran un efecto secundario que pocos anticipan.

Un estudio realizado por la Technische Universität München (TUM) ha evidenciado que el aumento rápido de colmenas urbanas puede perjudicar a las abejas salvajes. Cuando la densidad de colonias domésticas crece más rápido que la disponibilidad de flores, ambas poblaciones compiten por los mismos recursos. Las abejas salvajes, que no tienen colmena ni apicultor que las alimente en caso de escasez, son las primeras en sufrir.

El problema no es tener colmenas en la ciudad, sino tener demasiadas en relación con la capacidad floral del territorio. En este punto, los retornos varían según los contextos locales, pero la tendencia general apunta a una necesidad de regulación.

Lo que se puede observar a nivel de un barrio

En un radio de unos cientos de metros alrededor de una concentración de colmenas, a menudo se observa una disminución de la diversidad de insectos polinizadores salvajes. Los abejorros, las osmias y las andrenas encuentran menos néctar disponible. El desafío no es eliminar la apicultura urbana, sino proporcionar el número de colmenas a los recursos florales reales.

Pesticidas y regulación europea: las medidas que cambian la situación para las colonias

Los pesticidas, en particular los neonicotinoides, siguen siendo una de las causas principales del declive de las colonias de abejas. Estas sustancias actúan sobre el sistema nervioso de los insectos, perturbando su orientación, su capacidad para polinizar y su resistencia a las enfermedades.

Desde 2018, la Unión Europea ha prohibido el uso en campo abierto de los tres principales neonicotinoides: imidacloprid, clothianidina y tiametoxam. Solo los invernaderos permanentes mantienen una autorización de uso. En 2023, un nuevo reglamento ha reducido aún más los límites de residuos permitidos para la clothianidina y el tiametoxam al nivel más bajo medible, con una aplicación prevista a partir del 7 de marzo de 2026.

Esta medida tiene como objetivo explícito proteger a los polinizadores, incluso frente a los productos importados. Los cultivos tratados fuera de la UE con estas sustancias no podrán entrar en el mercado europeo si superan estos umbrales. Es un cambio concreto para las cadenas agrícolas que exportan a Europa.

Los riesgos que persisten a pesar de la prohibición

  • Los residuos de neonicotinoides permanecen en los suelos durante varios años después de la interrupción de los tratamientos, lo que sigue afectando a los insectos en contacto con estas tierras.
  • Otras familias de pesticidas, menos mediáticas, también pueden perturbar las colonias: fungicidas, herbicidas y ciertos insecticidas de nueva generación cuyos efectos sobre las abejas aún están mal documentados.
  • La avispa asiática (Vespa velutina), presente en Francia desde 2005, sigue siendo una amenaza directa para las colmenas, especialmente en la mitad sur del país, y los dispositivos de trampas no siempre son suficientes para limitar la depredación.

Jardín huerto biológico exuberante con abejas polinizando entre las flores de verduras en plena temporada estival

Abejas y medio ambiente: indicadores vivos de la salud de un territorio

Se utilizan cada vez más las colonias de abejas como sensores biológicos de la calidad ambiental. El polen, la cera y la miel almacenados en una colmena acumulan las huellas de contaminantes presentes en un radio de varios kilómetros. El análisis de estas matrices permite cartografiar la contaminación de un territorio en metales pesados, residuos de pesticidas o hidrocarburos.

Este enfoque, llamado biosupervisión apícola, proporciona resultados complementarios a las estaciones de medida clásicas. Cubre una zona más amplia y refleja la exposición real de los organismos vivos, no solo la concentración en el aire o el suelo en un momento dado.

Lo que las colmenas nos enseñan sobre un territorio

  • Una tasa anormal de mortalidad en una zona específica puede señalar una contaminación local no detectada por los sensores fijos.
  • La diversidad de polen recolectado informa sobre la riqueza botánica real del paisaje, mucho más allá de lo que un inventario florístico puntual puede captar.
  • Los residuos encontrados en la cera permiten seguir la evolución de la contaminación a lo largo de varias temporadas, ya que la cera no se renueva cada año.

Las abejas no son un símbolo abstracto de la biodiversidad. Son un engranaje técnico de la producción alimentaria, una señal de alerta sobre el estado químico de los territorios y un terreno de tensión entre buenas intenciones (colmenas urbanas) y equilibrios ecológicos reales. Proteger a las abejas es, ante todo, comprender sus limitaciones concretas, desde la disponibilidad floral hasta la regulación sobre pesticidas, antes de colocar una colmena en un techo.

Cómo las abejas moldean nuestro mundo: entender su importancia para la humanidad